En estos meses dirigidos a los muertos, celebremos a una leyenda que constituyó un parteaguas en la cultura y el arte popular.

Al contrario de lo que se piensa, el “Pop Art” surgió en la década de los 50´s en Inglaterra. Casualidad o no, coincidió con el fenómeno de la música pop, la moda y el liberalismo londinense de aquella época. Peter Blake, pintor contemporáneo, fue uno de los principales protagonistas de la nueva tendencia artística. Diseñó portadas de discos para Elvis Presley y Los Beatles, utilizó imágenes de artistas famosos para sus cuadros.

En América, el pop art fue conocido por ser representativo y muy agresivo. ¿Su máximo referente? Andy Warhol.

Andrew Warhola nació el 6 de agosto de 1928 en Pittsburgh, Pennsylvania. Se apasionó por el arte desde muy pequeño al tener  una extraña enfermedad que lo dejó en cama durante seis semanas. Estudió Bellas Artes en la Universidad Carnegie de Pittsburgh. Comenzó ilustrando imágenes publicitarias, pero su ambición lo llevó a desarrollarse como artista a principios de los años 60; adoptando otro tono de voz y una nueva personalidad excéntrica y bastante polémica que lo marcaría durante toda su vida y que lo convertiría en un ícono del arte pop.

Sus trabajos consistían, meramente en ilustraciones de gente famosa, imágenes publicitarias y figuras del cómic. Entre sus obras más emblemáticas destacan: una botella de Coca-Cola, una lata de sopa Campbell, una caja de cereales Kellog´s, una botella de ketchup Heinz; retratos de Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor y John Lenon; así como ilustraciones para portadas de discos de bandas como los Rolling Stones, The Velvet Underground y Miguel Bosé.

Empleó la serigrafía como producción  para la mayoría de sus trabajos. La serigrafía es un proceso fotográfico que consiste en transferir un negativo a una pantalla y aplicar pintura a través de dicha pantalla sobre otra superficie. La repetición de imágenes y motivos fue uno de sus sellos, y una de las razones principales por la que fue tildado de consumista y pretencioso. “El arte comercial es mucho mejor que el arte por el arte”, comentó alguna vez.

El arte de Warhol siempre fue conceptual e inspirado en la cotidianeidad. En 1964, dos años después de su primera exposición individual en una galería de Los Ángeles en donde “debutó” con su famosísima ilustración de una lata de sopa Campbell; ahí expuso -junto con varios artistas pertenecientes al movimiento pop en la galería “Paul Bianchini” de Manhattan- su ya conocida e icónica ilustración de la sopa y una escultura inédita nombrada “Cajas”; la cual consistía precisamente en eso: una serie de cajas apiladas en forma piramidal. A esta exhibición le llamaron: “The American Supermarket”.

Además de ilustrador y diseñador, Warhol fue dueño de una revista (Interview Magazine) y productor de cine; aunque en este último ámbito no le fue demasiado bien. Como todo a su alrededor, sus películas eran peculiares. Algunas de ellas consistían en cámaras fijas grabando a un único punto. Por ejemplo: grabó el Empire State Building de Nueva York durante 8 horas consecutivas y a su gran amigo John Giorno, durmiendo durante más de 5 horas. En su última película, la actriz Susan Blond tiraba de lo alto de un edificio a un bebé y este salpicaba de sangre a un transeúnte. Por supuesto, dicha cinta fue un fracaso y representó una gran pérdida de dinero.

La gran mayoría de sus conocidos, amigos y familiares, concuerdan en que Andrew Warhola se disfrazó de Andy Warhol durante toda su carrera. Se adjudicó una personalidad que tuviera cabida en el mundo artístico y que produjera misterio e incertidumbre. Sin embargo, era en esencia, depresivo, melancólico, mezquino y avaro. Un tipo extraño que se rodeaba de la crema y nata de la sociedad de aquellas décadas.

A pesar de las opiniones divididas en cuanto a su arte se refiere; críticos, artistas, aficionados y público en general, podemos estar de acuerdo en que fue y será uno de los artistas más influyentes del siglo XX.

Murió a los 58 años, el 22 de febrero de 1987, dejando a la sociedad más de cinco mil dibujos, diecinueve mil impresiones, sesenta y seis mil fotografías (todas ellas tomadas con cámaras Polaroid), más de sesenta películas y posesiones valuadas en más de veinte millones de dólares.

Sus obras siguen vigentes en museos y galerías de arte en Londres, Nueva York, Ciudad de México, Madrid y Santiago.

Sin embargo, la mayor aportación de Warhol a la sociedad contemporánea fue abrir la puerta para lo que sería la nueva manifestación plástica de una cultura que se caracteriza por la tecnología, el capitalismo, la moda y el consumismo. Un tipo de arte rebelde y ambiguo que cuestiona ciertos aspectos sociales, mientras que reitera algunos otros.

El arte pop fue y será un estilo que aterriza sus ideas en la realidad de la vida diaria. Una cultura popular que deriva en la mayoría de los placeres visuales de la gente común: televisión, revistas, cómics, radio e internet; y donde, por supuesto, dichos medios de comunicación forman una parte importantísima de la sociedad, siendo estos los principales conectores entre el arte de élite, el consumismo y la cultura popular.

Su principal inspiración es el mundo de la comunicación de masas: carteles, anuncios publicitarios, objetos de la vida cotidiana y etiquetas o embalajes de productos de consumo habitual, entre otros.

En la actualidad existen muchos “artistas conceptuales” que se desenvuelven en las diversas facetas del arte. Puedes estar de acuerdo o no con la concepción y representación que cada uno de ellos tiene del arte, pero lo que es un hecho es que el arte pop y conceptual mueve masas y millones de dólares para la élite de la sociedad moderna.