“No, no es <hasta donde alcance la vista>

sino hasta donde el mundo te deje verlo”

Un cuarto blanquísimo, grandes ventanas cubiertas por una malla que impide el paso de los mosquitos, un ventilador en el techo gira lento y constante, una lagartija albina, llamada en algunos estados de  las costas mexicanas “besuconas” -por el sonido que hacen- se escondía tras un cuadro en espera ansiosa de su  cena del día, el calendario en la pared marcaba el día 5 de Mayo 1999, a 991.3 kilómetros,  casi 13 horas de distancia en automóvil en Puebla, se conmemora de la gran batalla  contra los franceses, gritos, cuetes, fiesta, papel volando, pero en esa habitación de Puerto Vallarta está Carlos con Yvette, escuchan el mar, las olas golpean las piedras,  cielo despejado noche inmensa, ambos toman vino, conversan, Carlos lee  algunos de sus  poemas.

FRATERNIDAD

Yo sólo sé que lo peor que me ha pasado a mí

Le ha pasado peor

a otro hombre

Sí tengo una herida en el dedo

es que hay un hombre

al que le cortaron la mano porque hambriento se robó una manzana.

¿Suena bien? Pregunta Carlos.

Ella asiente con la cabeza, ¿Tienes algo más?

-Si-, Responde.

Cuando casi muero desangrado

Es que hubo un hombre

que murió desangrado

Y ahora que mi boca me duele

alguien le saca a patadas los dientes a otro hombre

Con la punta de las botas.

Los dos se acuestan a dormir, acomodan las sábanas blanquísimas, las almohadas, por la ventana entra un olor a sal, sal húmeda.

-Me gusta ese olor, a lágrimas-

-Huele a mar, -responde Yvette- a peces que respiran lanzando suspiros en forma de burbujas que las olas arrastran a las orillas de la playa formando la espuma.

-No, huele a lágrimas, el mar está hecho de muchas lágrimas.

-Ya duerme Carlitos- lo besa en la frente.

Esos pulmones que distintos aires permitieron  entrar, se van cerrando, la respiración es lenta, lenta, lenta…

Carlos Fuentes Lemus, nació en París el 23 de agosto 1973, hijo de Carlos Fuentes y Silvia Lemus, llegó al mundo con las letras y el arte en cada una de sus células, desde niño fue un lector ávido, creció con la enfermedad de la hemofilia, piquetes constantes para apaciguar y controlar su sangre, un sólo piquete en el dedo bastaría para que gota a gota la sangre se fugara de su cuerpo, el factor VIII era su medicamento constante, “¿por qué aprendo a aceptar el dolor como un adulto? Mi versión del dolor. Mis quijadas apretadas. Mi exterior de teflón. El agua resbala por mi espalda de pato”, siempre alerta de él y de cualquier accidente, lo hizo ser un niño tímido, solitario, viajando por el mundo y los que él creaba para sí mismo, ¿tuvo conciencia del peso de ser hijo del gran escritor Carlos Fuentes?, su casa siempre llena de intelectuales, pintores, artistas. “No le creas nada a mi mente diseñada por los medios, no creas lo que yo crea, hay cicatrices que se cierran pero que se destacan”.

Aprendió la fotografía y tomaba fotos de los amigos de su padre, dibujaba y escribía poemas infantiles, que lo sacaban de sus rutinas.

La sangre se le agolpaba en las sienes, el corazón  bombea pum, pum, pum, buscando un escape, ¡que sangre más inquieta!, contraria a su personalidad; Fuentes Lemus como su apellido tenía una fuente interna que brotaba hacia su cerebro, hacia sus manos que lo hacían escribir, escribir, “demasiadas palabras demasiado pronto”, siempre crear para vivir un poco más.

Cuando sonó el teléfono en la madrugada su batalla había terminado, pero su trayecto en el arte se hizo profesional “¿Viviré mañana? No lo sé decir, pero no me iré de aquí sin resistencia, esta recámara es mi núcleo, pensar bajo las cobijas es mi fuga”.

Te imagino Carlos escribiendo bajo la cobija, leyendo con una lámpara de mano a Wilde, las lyrics de Dylan, creando bajo esos mundos los propios. “¿y qué me dices de mis dos últimos tequilas, aguados para durar un poco más? Aún sin terminar. Y tus dedos arañan, arrebatándome las cobijas”.

-Ya duerme Carlitos- Yvette le da un beso en la frente, él cierra los ojos “es la hora en que mis peores bromas y fantasías autodestructivas cobran vida”. Fue un 5 de mayo cuando un paro pulmonar, le impidió seguir respirando el aire de Puerto Vallarta.

AMADOS ARMADOS

Mi obligado poema disciplinario

a las 4:56 de la madrugada

cuando cuántas veces pude

decir o pensar o escribir

que tu piel es tu sexo

que deberíamos pasar

el resto de nuestras vidas

eternamente en este cuarto

en la cama sin coca y sin trago.

10 días después de la muerte de Fuentes Lemus, su padre escribe para el Diario el País “Carlos realizó su trayecto artístico con urgencia, con alegría, con dolor, pero sin una sola queja. Sus ojos profundos, brillantes a veces, ausentes otras, nos decían que el dolor individual de nuestro cuerpo es no sólo intransferible, sino inimaginable para los demás. Si no lograba transmitirlo en un poema o una pintura, el dolor permanecería para siempre mudo, solitario, dentro del cuerpo sufriente”

“Los artistas que murieron jóvenes no tuvieron tiempo para otra cosa sino para ser ellos mismos”  cuando nos entregamos de lleno a entender la poesía de Fuentes Lemus, es entrar en un mundo de su diario palpitar, poemas que fueron escritos en inglés pero traducidos por Carlos Fuentes como muestra de ese amor infinito que da la paternidad, poco a poco leyó, reunió y se enfrentó a la intimidad de su hijo, sus dolores, amores,  gustos y sufrimiento, en cierta forma cuando uno traduce usa por un instante la piel del otro y Carlos Fuentes padre, dio nuevamente vida a su hijo muerto, a través de sus ojos y dio estructura a “la Palabra sobrevive” poemas de 1986 a 1999.

Para entender un poco más….

https://www.youtube.com/watch?v=axi7A4t57xc

Carlos Fuentes Lemus, La palabra sobrevive, poemas 1986-1999, Editorial Seix Barral, año 2000