Un día mientras devoraba la revista National Geographic, edición de abril, 1914, leí el título del primer artículo “Castillos en el Aire: Experiencias y Viajes en el Bután Desconocido” escrito por John Claude White, un oficial Británico, que también captó imágenes jamás publicadas de un país y cultura desconocida por el mundo occidental.

Una imagen en particular del monasterio budista conocido como “Nido del Tigre” fue la bomba que estalló en mi mente. Este es el lugar que necesito visitar, dije en voz alta con una sonrisa y seriedad intensa. Y así fue, exactamente 100 años después de la publicación de aquella fotografía del Nido del Tigre, armé mis maletas, preparé mi equipo fotográfico y emprendí la caminata más larga y sagrada de mi vida. 

Nunca consideré posible participar en una expedición hacia la cordillera del Himalaya por su difícil acceso, lejanía, los costos del viaje y mi condición física. Además, la mayoría de los lugares de gran interés personal se encontraban entre los 3 y 5 mil metros de altura.

Siendo una persona que siempre ha vivido cerca del mar, no sabía si la altura me afectaría poniéndome en peligro y más aún siendo diabético tipo 1, no sabía si el esfuerzo de emprender una gran caminata sobre las Himalaya me afectaría de una forma negativa.  En este lugar tan extremo, tuve que mantener una vigilancia constante con mis niveles de glucosa y las reacciones a la comida, el constante ejercicio y a los efectos de la insulina en altura. Pensé que esta oportunidad no llega dos veces en la vida y evaluando los riesgos consideré que mi pasión por conocer el mundo me llevaría a este lugar.

El monasterio Nido del Tigre está ubicado sobre una cueva en un acantilado a unos 3,200 metros de altura con una caída literalmente vertical. Lo que me llamó la atención de este lugar fue el por qué este templo se construyó y qué significa para la identidad de Bután. De acuerdo a las leyendas locales, fue en el siglo VIII d.C. cuando el gurú Indu Padmasambhava venía desde Tíbet y vio una cueva donde podía meditar y transformó a su compañera Yeshe Tsogyal, considerada madre del budismo de Tíbet, en una Tigresa voladora, así pudieron aterrizar en la cueva. Ya en la cueva, se dice que el gurú meditó por tres años, tres meses, tres días, tres horas y tres minutos, si los sumas te dan 15, la razón por la cual ahora yo medito 15 minutos todos los días. Cuando el gurú terminó su meditación, ordenó la construcción de un monasterio. De hecho, Padmasambhava oficialmente estableció el budismo en Bután y es considerado su protector, santo y deidad máxima.

Hoy, el icónico monasterio Paro Taktsang o Nido del Tigre es un prominente sitio sagrado budista de las Himalaya ubicado en un espectacular acantilado en el valle Paro de Bután.

Mi viaje al Himalaya inició con una caminata a la montaña sagrada llamada Jomolhari.  Para llegar a este lugar hay que hacer una marcha desde Paro y ascender 2,500 metros por dos días, esto permite llegar al campamento base de la montaña. Llegué casi sin vida, pero con una noche de recuperación y aclimatación ya estaba listo para explorar este maravilloso y nuevo mundo.  Tuvimos la suerte de llegar un día antes del festival más importante de las comunidades que viven a esta altitud. Estaban celebrando el festival del “Leopardo de Nieve”, un animal en riesgo de extinción que los lugareños hoy en día ayudan a proteger monitoreando con cámaras remotas que captan a individuos en su hábitat y permiten a los expertos evaluar las condiciones físicas de estos maravillosos felinos. 

También tuve la oportunidad de subir hasta los 5 mil metros, a unos lagos glaciares que se forman cerca del Jomolhari. Me sentí en un lugar mágico, eterno, puro y bello. La montaña crecía junto al sendero, el río corría sin frenos bajo mis pies y la montaña caminaba el paisaje sagrado. Después de una semana en esta región regrese a mi reto final, ascender desde el valle en Paro hasta el monasterio en el acantilado a más de 3 mil metros de altura. ¿Para qué?, para tomar la misma foto de hace 100 años, pero esta vez con una tecnología de fotografía digital panorámica llamada gigapan. Este tipo de imagen es una nueva forma de hacer narrativas visuales, donde puedes explorar el grandioso monasterio y su entorno rocoso con gran detalle sin perder noción del entorno, o sea, puedes contar una historia dentro de una imagen.

Fue un largo e inesperado viaje. Caminé en la cordillera del Himalaya, llegué a la base de la montana sagrada Jomolhari, celebré el festival de los leopardos de nieve, subí y sentí la belleza del monasterio en el acantilado, aquel de leyendas y de irrompible fe. 

Me paré en el mismo lugar donde hace 100 años se dio a conocer el Nido del Tigre al mundo y ahora esta experiencia reside para siempre en mi memoria.  ¡Qué bueno que también llevé una cámara para compartir esta expedición!