Por: Gabriel Parra

¿Cómo lo recordás?

-Como un ser superior, muy luminoso y superior a todos nosotros-.

  Cecilia Amenábar

 

Este día en particular, el cielo está limpio de nubes, el sol con sus brazos extendidos acaricia las ruinas prehispánicas, iguanas verdes caminan tranquilas sobre el pasto, una brisa olor a sal llega de todas partes, Gustavo usa una playera azul marino sin mangas, gorra color verde olivo y shorts color caqui, Cecilia un vestido blanco que se mueve como la espuma, cabello recogido en una coleta sobre la nuca, ambos caminan descalzos, son las 10:00am.

Los ojos de ambos perciben los diferentes tonos de azul del agua, el contraste de la arena clara confundirse con la espuma de las olas del mar de Tulum, en Yucatán. No era la primera vez que Gustavo visita las playas mexicanas, pero sí la primera vez con Cecilia.

Hacen una pausa en su camino, miran la inmensidad del mar, ola tras ola se hace infinito, los ojos verdes de Gustavo se llenan del tono turquesa del agua, después de unos instantes bajan la escalera de madera que da a la playa, justo terminando la escalera a mano derecha recargada sobre una enorme roca se encuentra una mujer con las manos llenas de anillos, la blusa bordada en diseños de flores rosadas crea un balance a su personalidad.

Gustavo de acerca para conocer con curiosidad collares, pulseras, anillos, artesanías de madera y barro, algo llama la atención, una cinta delgada de piel negra de la cual se balancea una piedra asimétrica, color amarillo en varias tonalidades.

-¿Y esto que es?-

-Se llama ámbar- la mujer lo mira sin reconocer al artista de rock, es sólo un turista.

Los dos se miraban

-Como Amenábar- Responde Gustavo, dejando ver en su rostro una sonrisa, al reír se le marcan todos los pliegues de la cara, tu apellido es el liquido del ámbar, amarillo ámbar, Amenábar.

Magdalena se llama la mujer, proviene de Chapa de Corzo en Chiapas, llegó a Tulum para vender artesanías 2 años antes y se quedó a vivir cerca de la playa, tiene un novio pescador que muy de mañana sale a recoger las redes de la pesca del día.

No está permitido el comercio ambulante dentro de la zona arqueológica, pero esa mañana la marea estaba muy baja, caminó por la playa hasta instalarse junto a la piedra.

En el universo Cerati-Amenábar no importa esta información. Cecilia se mantiene callada mirando lo que hay sobre el pedazo de tela.

-Es resina fosilizada de algunos árboles, se encuentra en Chiapas, pero mire- la levanta y coloca justo en dirección al sol.

-Es un mosquito- comenta Gustavo sorprendido – un mosquito atrapado en un trozo de sol, mirá Ceci, pulsa, se siente pulsar el sol-.

En ese momento algo en sí mismo encuentra el equilibrio en la relación, una triada entre Cecilia, el amarillo del ámbar y su relación, un estado emocional que podemos llamarlo Amor Amarillo, de esta forma comienza a cruzar el puente para concebir su primer álbum en solitario y concebir a su primer hijo: Benito Cerati Amenábar.

Todo el que podemos llamar “Universo Cerati”, provenía de la inspiración fragmentada, escribía algunas frases sueltas, en distintos cuadernos o en su “libro de palabras” que iba reuniendo poco a poco y después tomaba alguna palabra o frase, le colocaba melodía y realizaba una canción “me motiva el sonido de las palabras, me gusta que la estructura de esas palabras sea musical”.

Testigo de los sentimientos que despertó su relación con Cecilia Amenábar, quedó registrada en una carta que envió desde Argentina a Chile, con una serie de dibujos, este texto después fue canción.

“Se que estarás cruzando la ruta de la libertad entre las fieras, indiferente, tan profunda, tan casual; buscando amar a un hombre encerrado en la tempestad.

No necesito verte para saberlo, te descubrí entre el humo y la gente, te conozco bien, sos la cautiva de mis sueños siempre, al despertar dejo los ojos entreabiertos, ya no cerrare la puerta, no necesito verte para saberlo”

Cuando Gustavo conoce a Cecilia Amenábar en una conferencia de prensa en el Hotel Crowne Plaza de Santiago de Chile, en 1989,  el mundo en que venían girando sus pies se detiene, comienza un proceso de reencontrarse con la estabilidad emocional que había perdido, se encontraba en una relación condenada al aburrimiento, fracaso y separación, en varias de sus relaciones Cerati fue agua en mitad del fuego del amor, las relaciones amorosas eran fuente de creatividad, pero una vez que la creatividad disminuía, Gustavo se aburría y buscaba un nuevo motivo, la seducción de Cerati provenía de la música, sumando a su personalidad de artista representativo de una época del rock, sin embargo, necesitaba reafirmar su creatividad, su cerebro necesitaba crear para no amputarse los dedos.

En ese 1989 Cecilia, tenía 17 años, es hasta 1993 cuando se reencuentran, él le propone matrimonio y se casan, durante todo este periodo el proceso creativo de Gustavo se manifiesta de diferentes maneras, el ámbar encontrado en Tulum, el embarazo de Cecilia. Fue un choque de dos personalidades afines y complementarias, dando como resultado que a este periodo le ponga un color y nombra al disco “Amor Amarillo”. “Es el color del amor que siento ahora, es como un rayo”.

La creatividad es lo que sucede mientras los demás duermen, en sí, el artista es un ser solitario por naturaleza, pero necesita asirse de algo o alguien, Gustavo lo buscaba en la pareja, buscaba nuevas formas de sentir para crear, no termina una relación sin haberles dado forma musical en su vida, creaba un disco o una canción, la partitura de la vida de Cerati está plagada de mujeres convertidas en canciones.

Como toda historia, musical o de vida, la relación con Cecilia termina en 2002, con dos hijos concebidos, Benito y Lisa.

Cada uno toma un camino diferente, tardando un periodo de tiempo en separarse definitivamente, esta separación en distancia se quiebra físicamente con el Accidente Cerebrovascular el 15 de mayo del 2010, que lo lleva a estar en coma durante 4 años.

Cuando sucede el ACV, Cecilia se muda a Argentina con sus hijos y declara “Desde que Gustavo está en coma, es como que se apago la mitad de mí, pero todos tenemos la esperanza de que algún día despierte de su estado ahora he estado completamente dedicada a darle soporte emocional a mis hijos”.

Este amor amarillo nunca dejó de emitir color, se fue mezclando con tantos colores hasta tornarse gris y caer en negros el 4 de septiembre de 2014.

“Podés tener romances, novios y eso, pero cuando chocás con un meteorito y saltan las estrellas, para mí, eso es una sola vez. Hay gente que quizá enviuda o se separa y rehace su vida. Pero a nosotros nos pasó que era un amor tan fuerte y deslumbrante que es difícil que se repita algo así. Además, trajimos dos hijos increíbles. Yo creo en los astros. Y creo que hay cosas inspiradoras que vienen de arriba”.

Actualmente Cecilia radica en Chile con sus hijos, sigue en el medio musical, como productora, Dj y madre, a donde quiera que va, las notas de Cerati la acompañan y el parecido de Benito con su padre le ha de recordar día tras día ese estado emocional, que comenzó con un mosquito atrapado en el tiempo y pulsó para dar forma a ese amor, amarillo.

Búscame cuando voltees hacia atrás y no me veas.