Hace unos meses Natalia Lafourcade anunció en un video de Instagram que se retiraría por un periodo de tiempo de los escenarios, todos quienes nos consideramos seguidores de su música y talento, corrimos a instalarnos frente a la computadora para comprar los boletos de sus conciertos en el Teatro Metropolitan, en la Ciudad de México.

Después de 15 años de carrera y en un momento mágico Natalia decide cambiar de rumbo, dejar por un momento de ser la figura pública que es, bajarse del escenario y hacer lo que todas las personas hacen: ir al teatro, visitar museos, comprar discos de sus artistas favoritos. Eso busca Natalia “un lugar cerca del mar donde vender cocos y quien me compre un coco cantarle una canción” así lo mencionó con ese humor que le caracteriza.

Es una tarde lluviosa a finales de junio de este año, el tráfico cercano a la Alameda Central en Ciudad de México se detiene, jóvenes con franelas rojas ofrecen un lugar para estacionarse, -¿busca boletos?-, -¡lleve la taza, la playera, el llavero!-,  La imagen de Natalia se multiplica, la lluvia intensifica y todos los seguidores con boleto en mano hacemos una fila para ingresar al  concierto,  dentro se apagan las luces y… tercera llamada. Una grabación con la voz de Natalia nos da la bienvenida, silencio total… comenzamos; un seguidor y dos luces iluminan a tres personas sentadas en una mesa de madera, la sala de su casa, donde sus musas han estado, donde su ombligo creó y ramificó en el tema “Hasta la raíz”. 

Natalia recoge su cabello sobre la nuca y coloca una corona de flores rojas, parece un cuadro de Frida Kahlo, sentada frente a una botella que sugiere Mezcal y con sus dos acompañantes,  Miguel Peña y Juan Carlos Allende “Los Macorinos”, músicos que durante mucho tiempo acompañaron la voz de Chavela Vargas, -con su estilo nostálgico- como  han definido  su forma de tocar la guitarra, ahora acompañan a Natalia con “Alma mía” de Maria Grever, el Metropolitan palpita,  su corazón está en ese escenario, sus arterias son las luces que conectan con  el público que en ese primer concierto de cierre,  fue testigo del ciclo Natalia.

Este ciclo se abrió en 2002 con el lanzamiento de “En el 2000” una de las canciones más influyentes de una generación que se encontraba entre los 15  y 19 años “En el 2000 busco hombres de París un cerebro inteligente, que no se emborrache en viernes”,  y los jóvenes coreábamos, las niñas adoptaban su forma de vestir, el collar de caracoles apretadito al cuello, ya no soy, ya no soy” y ahora es. Es una de las cantantes mexicanas más honestas y con un talento que la llevó a pisar los distintos escenarios de México y el extranjero, en aquel concierto del año 2010 en el Ángel de la Independencia, interpretó una canción de Agustín Lara, “Farolito” dirigida por Alondra de la Parra.

Natalia se encuentra entre los pasillos de la música de Lara y su “María bonita”, comienza un viaje con estas nuevas versiones donde las letras toman un sentido actual, Lara se torna pop, alternativo, juvenil, nuevas voces entonan sus letras, nuevos arreglos y melodías encontrados entre los cabellos de Natalia Lafourcade, enredándose en su cabeza, buscando y viajando, ¿dónde poner esa voz? y aparece el proyecto “Mujer divina”, ella juega con esa feminidad, se da vuelo con los espejos, fotografías que explotan las musas de la pasión; un disco con letras escritas para mujer, cantadas por una mujer y acompañada por voces masculinas, que combinación,  el resultado:  todo un éxito.

Natalia entraba a otro nivel en la música, salía del universo HU HU HU, donde los duendes con máscaras bailaban de un lado al otro al salir el sol, juegos de palabras y emociones, ahora se convertía en la otra cara de Lara.

Se corta el cabello y aparece el disco “Hasta la raíz” la madurez musical alcanza un nivel diferente, el cabello comienza a crecer con ella y con las giras, existe un renacer y un simbolismo al cortarlo como niño de 10 años que es regañado, una transición de una edad a otra a través de un proceso ritual, comienza a caminar dejándolo crecer (la) su nueva personalidad con este juego imagen; niño-adolescente-musa Natalia sorprende con un homenaje al folklore latinoamericano, “Tú sí sabes quererme” y la sensualidad desborda,  en los  videos promocionales se hace acompañar por “Los Macorinos”, rojo pasión su cuerpo, su boca, corona de flores, baila, juega, toma mezcal con naranja y se deja arrullar con “Soledad y el mar”.  “En el canto de las olas, encontré un rubor de luz, por un canto de gaviotas, supe que allí estabas tú”

Ahora Natalia cierra un ciclo y se deja crecer nuevamente el cabello y yo pregunto ¿Qué harás Natalia detrás del escenario? Cuéntame Natalia ¿qué harás?, déjame escuchar tu canto “Voy a navegar en tu puerto azul, quisiera saber de dónde vienes tú,
vamos a dejar que el tiempo pare, ver nuestros recuerdos en los mares, y esta soledad tan profunda….Que me cante el mar, un bolero de soledad, que me cante el mar, que ando sola con soledad”

Dime Natalia, ¿qué harás detrás del escenario? Y la respuesta llegará en dos, tres años, no sé, pero llegará y bajo el brazo traerás nuevas letras, seguirás cantando, buscaras experiencias tocando los pies en la orilla del mar, el mar de Veracruz.