La cultura alimentaria de los judíos tiene años de historia, algo más allá de lo que comen y cómo lo comen. Comienza con el cuidado y el sacrificio de los animales,  la limpieza y el manejo de los vegetales, pero no termina ahí, hay todo un concepto de vida alrededor de las reglas que conforman el Kashrut.

El carácter ritual del banquete del Sabbat se puede notar en la manera tan escrupulosa en la que se seleccionan y preparan los alimentos presentes en la mesa, así como la ausencia de otros: el cerdo y los mariscos.

La certificación Kosher consiste en un sistema de higiene y de cuidados en el manejo de los animales, donde se atiende desde la alimentación del ganado, una vida libre y sin maltratos hasta el sacrificio sin sufrimiento y un correcto desangrado. En post-mortem se verifica que la carne no provenga de animales enfermos y que todos sus órganos estén sanos.

De la res y el borrego sólo se consume el cuarto delantero. El pollo se consume completo y en las verduras y leguminosas sólo es cuestión de que estén frescas y limpias, haber tenido una correcta desinfección y que hayan crecido sin pesticidas.

Para consumir huevo, el cascarón debe estar limpio y no puede presentar restos de sangre al interior, pues eso significaría una vida que ha sido interrumpida. El cuidado se extiende a los lácteos; se aseguran de que las vacas estén en perfectas condiciones, que no sangren ni estén lastimadas, porque se contamina la leche.

No está permitido mezclar carne con lácteos, en palabras del rabino Cohn, certificador Ka-Kosher, porque “no puedes cocinar la carne del becerro en la leche de su madre” y tampoco se puede combinar res o pollo con pescado “porque si Dios los separó, no puedes venir tú a juntarlos en un platillo”.

En México la supervisión de calidad Kosher certifica las materias primas y procesos de más de 500 empresas, incluyendo PyMEs, compañías trasnacionales, restaurantes y hoteles. Tener este sello abre un nicho en el mercado que se encuentra en constante crecimiento.

Kosher es sinónimo de respeto a la vida, pues los judíos consideran que los alimentos no solo deben nutrir al cuerpo, sino también al Neshamá (el alma). Un ideal que sin duda todos deberíamos adoptar, independientemente de nuestras creencias.

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