México es la cuna de los rincones, un país ideal para lanzarse a explorar en coche. Si lo haces, vas a recibir lo mejor que un viaje puede ofrecer: excelente música, buena compañía y la evolución de los paisajes.

Esta vez, nos recibieron Quintana Roo y Chetumal con abrazos de arena y palmeras, la combinación perfecta para darle cuerda a la emoción. Llegamos a Chetumal para recoger nuestra casa, transporte y compañera por los siguientes cuatro días: una combi Westfalia del ‘87.

– Primera parada: Mahahual

La magia de Mahahual se extiende a lo largo de la costa, marcada por un camellón que cruza todo el pueblo. Es un destino bastante tranquilo, que se llena y vacía con el flujo de los cruceros. Por eso, visitarla en temporada baja es perfecto si quieres tener el mar sólo para ti.

Un toque fantasmal revela la pasividad del pueblo habitado por buzos, extranjeros y locales de sangre -mi teoría es que ésta combinación fue el resultado de un amor en común: el mar-.

El mar de Mahahual está lleno de vida y energía, te invita a echarte un chapuzón y pasar el día con el pelo mojado y la piel salada. Además, no sobran actividades como el buceo, el kayak y snorkel, o si de plano quieres tumbarte al sol, relajarse es facilísimo con el horizonte frente a ti.

Si eres como yo y tu sueño es tener branquias, bucear es obligatorio. Este es un spot impresionante con mucha vida, colores y los corales más increíbles que he visto, si estás de suerte verás bichos de los buenos: delfines, tortugas y mantarrayas. Mi recomendación para aprender de los mejores: Mahahual Dive Centre.

Si elegiste llevar una casa sobre ruedas, puedes estacionarte en Blue Kay Hostel y por un fee o cuota de campamento podrás tener acceso a todas sus amenidades.

– Segunda parada: Bacalar

Con todos los obstáculos que presenta un roadtrip en un coche con más años que yo, la llegada a Bacalar fue toda una aventura, pero no perdimos el tiempo y pasamos toda la tarde en el agua.

Me tardé un poquito en procesar todo lo que estaba viendo, las miles de manchas azules que forman Bacalar se robaron mi corazón para siempre. No sé qué, pero tiene algo muy especial.

Aquí se goza, se come y se vive delicioso. Te recomiendo desayunar en El Manatí y comer en La Playita, y si como nosotras no tienes hospedaje de concreto, llegar a acampar/estacionarte en El Venado Azul es la tocada.

La laguna se transforma a cada paso, así que visitar cada esquina es una experiencia diferente, las mejores:

  • Los “rápidos”. No, no son rápidos pero es un increíble lugar para nadar
  • La entrada pública. Mucho mejor de lo que suena; aquí el agua es transparente, el piso bajo y el azul intenso.
  • El paso del pirata. Fue un legítimo paso de estos marineros en su época.

Por la noches hay muchos bares con música en vivo, noches de salsa y miles de opciones para desgastar el zapato. Y aunque el pueblo tiene lo suyo, Bacalar se vive en el agua.

– Última parada: Calakmul

Estas ruinas tienen un espíritu propio que juega con la naturaleza que las rodea.

Calakmul te recibe con lo mejor de la Pachamama (Madre Tierra) en un trayecto largo por las entrañas de la selva; un espectáculo que hace de emoción la llegada a las ruinas más bonitas e imponentes de la Península.

Para disfrutar al máximo del sitio, hay que llegar temprano. Así tendrás todo el día para explorar y divagar entre la selva, descubriendo la magia de las pirámides. Además, el calor va a ser bondadoso contigo.

No te puedo describir Calakmul, es algo que tienes que sentir y escuchar por ti mismo para sentirte en casa desde lo más profundo de la selva.

En este viaje en particular, dejé la comodidad en mi casa para andar de pata de perro, porque así la aventura sabe mejor. Puede ser que acampar no sea tu actividad favorita, por eso estos destinos tienen muchísimas opciones para que no tengas que sacrificar nada.

Mis recomendaciones de hospedaje:

  • Mahahual: Hotel Luna de Plata
  • Bacalar: Hotel Casa Tortuga o un AirBnb.
  • Calakmul: Casa Ka’an

Bonus

Un roadtrip es un formato de viaje muy especial, que si de por sí está lleno de obstáculos es por mucho el más divertido. Si nunca lo has hecho, te voy a compartir los secretos de la nación para que armes tu viaje sin morir en el intento:

#1: Escoge tu equipo con sabiduría. Elemental para que tu viaje esté lleno de risas sobre todas las cosas.

#2: A veces menos es más. Evalúa bien las distancias y recorridos para evitar desgastarte y perder tiempo valioso de aventura (viajar siempre es costo de oportunidad).

#3: Escoge bien tu nave. Considera gasolina, tamaño, terreno…

#4: Última y más importante: Haz de la buena actitud tu motto. El camino está lleno de sorpresas, y la delgada línea entre frustración y diversión está ahí. 

 

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