You went back to what you knew
So far removed from all that we went through
And I tread a troubled track
My odds are stacked
I’ll go back to black

We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to…..
I go back to us

– Amy Winehouse

Una nota enviada un par de horas antes fue la advertencia del suicida:

“Arturo, antes de medio día me habré pegado un balazo. Esta carta le llegará cuando, como Empédocles, me habré desligado de una envoltura mortal que ya no encierra un alma”.

11 de febrero 1931.

Una mujer delgada ingresa a la catedral de Notre Dame, sus pasos suenan con un ritmo inquieto lo que hace que una pareja volteé y mire una silueta negra sobre un fondo de luz, pasando  las once de la mañana. Las personas que se encuentran a esa hora en la catedral son pocas, pero la observan al pasar; lleva en las manos un bolso pequeño que aprisiona hacia su pecho, mirando de un lado al otro elige una imagen, un cristo con rodillas sangrantes, él no la mira, ella lo hace, toma su bolso, extrae una pistola, la dirige al corazón y dispara.

Afuera de Notre Dame las palomas vuelan despavoridas, gritos en el interior, mujeres con velos sobre el rostro corren hacia la puerta. La mujer que se ha quitado la vida es Antonieta Rivas Mercado, hija del célebre arquitecto porfirista Antonio Rivas Mercado, siendo su obra más conocida la columna de la independencia (El ángel).

Se casó muy joven con Albert Blair, amigo cercano de la familia de Francisco I. Madero,  el matrimonio fracasa y busca el divorcio, poco antes del suicidio pierde la patria potestad de su hijo.

A partir de 1927 comienza un enamoramiento con el pintor Manuel Rodríguez Lozano, quien no le corresponde por ser homosexual, ella insiste a correspondencia, es exaltada, suplicante y en ocasiones cae en la desesperación por no tener al ser amado.

20 de mayo de 1929

“Manuel, acójame. Si hay la menor posibilidad, démela. Sí es legítima, no me niegue la esperanza, aunque la verdad por cruel no dejará de ser bienvenida.

¿usted me quiere, pero no me ama? Yo le quiero y le amo” 

Antonieta

No fue una mujer bella, sí inteligente, culta, educada bajo la clase porfirista. Nace con el siglo, pero su personalidad no pertenece a la época que le tocó vivir. La cultura mexicana de principios del siglo XX es un reflejo de la personalidad e interés de Antonieta; fundó La Sinfónica Nacional, el Teatro Ulises y tuvo la visión de apoyar a los intelectuales de la época. Mecenas de varios, amiga de pocos y enamorada de personajes fundamentales de la cultura nacional como el pintor Manuel Rodríguez Lozano y el filósofo José Vasconcelos.

Gracias a él  se acerca al rescate de la cultura indígena. Vasconcelos pide a los grandes muralistas que plasmen en muros públicos la historia de México y eduquen por medio de sus ideas a un pueblo analfabeta. Antonieta consciente de la participación nula de la mujer en la deficiencia cultural, abre la brecha a otros, a un pueblo que comenzaba a despertar con las ideas liberales de José Vasconcelos.

Antonieta fue una mujer con reflector a su persona, el apellido pesaba mucho entre la sociedad mexicana de los años 20’s, por  la contraparte femenina de su padre. A los trece años se hace cargo de sus hermanos cuando su madre sale de México para vivir una relación extramarital.

En algunos estudios culpan a José Vasconcelos por la decisión de Antonieta, no podemos afirmar que lo hizo por él, sino que  hay una serie de situaciones que la llevan a quitarse la vida. La idea del suicidio no es arbitraria, elige un lugar:  Notre Dame, en el año 1931 y una situación: la banca rota; decide convertirse en mártir.

Pensó que todo estaría mejor sin su presencia, el gran amor fue su hijo Donald Antonio Blair Rivas Mercado, el amor nunca fue una tarea fácil.

La idea del suicidio había estado en su cabeza en dos o tres ocasiones, sin embargo, la situación con Vasconcelos empeoró la cadena de sucesos que arrastró desde los 25 años, en un escrito de 1930 que intituló “Páginas arrancadas” Antonieta escribe:

“He querido matarme, fue vano. Dios no me hubiera perdonado, es pecado, pero de todos modos he pecado porque si vivo es por cobardía. No tuve valor. Pero ya que no puedo vivir y que no puedo morir, Señor Dios Santo, ten piedad de mí, haz que pierda la razón (…) Yo estaba a la orilla del mar y mis palabras provocaron una ola grande, furiosa, que me levantó. Desde entonces no he vuelto a pisar tierra firme. Y no tengo valor para morir, es tan difícil morir…”

Este es un texto ficticio, pero vierte en él, gran parte de sus ideas.

Se une a la campaña de José Vasconcelos a la presidencia de la República, financiando gran parte de ella, lo acompaña en la gira, toma notas, escribe, redacta, lo aconseja e invierte en él, no es clara la idea sí al comenzar esta relación en ella nació la esperanza de una vida conjunta, él estaba casado. Antonieta se convierte en su amante, pero cuando comienza la persecución con los llamados “Vasconcelistas” y al perder las elecciones cae en banca rota, vende algunas propiedades y huye a Nueva York, regresa a México, secuestra a su hijo y viaja a Paris.

En el llamado diario de Burdeos escribe:

(6 de noviembre de 1930)

siguiendo el método del examen de conciencia, me arrinconé para descubrir que bien a bien no quiero escribir este relato porque mi breve y absurda relación personal con en el hombre-símbolo me veda. (…) para no tener conciencia de que todo lo destruía; para huir de mi propia pasión de seguir siendo el juguete de un amor que no sancionaba”.

El 7 de noviembre vuelve a escribir: “de todo aquel torbellino dos conciencias guardo; la de haber amado mortalmente hasta traspasar mi propia pasión; la de haberme unificado con el destino de mi raza y mi cultura”.

En su cabeza la idea del suicidio está presente, se reúne con Vasconcelos el 10 de febrero en su habitación del hotel.

-Tómame como traductora, como tu secretaria, no me des un sueldo por ello, sólo págame con la comida, no quiero regresar a México.

-Antonieta, no estamos en condiciones de jugar a la bohemia, tú estas acostumbrada a una vida de lujos, más bien de derroche; no te imaginas lo que es la pobreza, con lo que tienes de valor en tus alhajas puedes venderlas y con el dinero ponerlo a rédito y con eso puedes sostenerte aquí con éxito.

-Tú no entiendes nada.

-Publicaremos la revista, un lugar para expresar las inconformidades con el sistema, dame un par de meses, la revista estará a tus órdenes, nadie puede sustituirte en ello, por lo demás…

Puse la mano sobre su boca, que tantas veces fue mía, de la cual surgieron palabras de amor que me llevaron a esa pasión de olvidar hasta mi nombre.

– Esto durará poco José, ¿el dinero saldrá de tus conferencias de Colombia? ¿Cuánto durará? En México nadie te va a ayudar, ni tus mejores amigos, por miedo a complicarse los que tienen algo y porque no pueden ayudarte los más, que son muy pobres.

– Pero Antonieta…

– ¿Me pides que me sacrifique otra vez? ¿Cómo es que tú sí te sacrificas?

– Te doy el dinero para que vuelvas a México con Antonio, te pago los pasajes de regreso.

-Dime algo José, dime si de verdad, de verdad, tienes necesidad de mí.

Después de un silencio, provocado por las palabras de Antonieta, responde.

– Ningún alma necesita de la otra, nadie, ni hombre ni mujer, necesita más que de Dios. Cada uno tiene su destino ligado sólo con el creador.

Antonieta sale del hotel, con lágrimas en los ojos y la desesperación en su cabeza.

Vuelve a escribir en su diario “Lo mejor es que lo tengo decidido; será mañana sin falta. Ya está en mi poder la pistola que saqué de entre los libros del baúl de Vasconcelos (…) no la usaré, me dijo alguna vez, sino para responder alguna agresión personal, para evitar algún vejamen (…) ¡pobre!, le va a doler cuando sepa que me estaba reservado a mí el usarla”.

Con la seguridad que le daba el caminar por los mejores lugares de México y Francia, Antonieta lo decide firme y convincente sobre la idea que ha girado en su cabeza ahora baja a sus manos. “No puedo más. La cabeza me estalla: no puedo dormir. Mañana a estas horas todo habrá concluido, es mejor así”

Antonieta tenía 31 años, mientras ella trataba de suicidarse su hijo la esperaba en una pensión de Burdeos.

Durante muchos años el nombre de Antonieta fue bloqueado de la sociedad mexicana y de su propia familia.

Poca información fue  publicada en París, “la mexicana que se suicida en Notre Dame”, se tuvieron que hacer rituales de purificación en el lugar del suicidio, el cuerpo de Antonieta fue enterrado en París en el cementerio Thiais con pocos asistentes.  Dolores Pani, esposa del Cónsul en Paris Arturo Pani, escribe a Amelia Rivas Mercado, la menor de las hermanas:

“Quise ver a Antonieta para más tarde  poder preguntarle a usted cómo estaba: estaba muy bonita, perfectamente arreglada, parecía que dormía, era tal el aspecto de paz y tranquilidad que tenía. El entierro estuvo muy decente; ella iba materialmente cubierta de flores y fue rodeada de mucho cariño por los que la acompañamos”.

José Vasconcelos escribe a Arturo Pani: (16 de febrero 1931) “Le dirijo la presente para expresarle mi más vivo agradecimiento por la manera discreta, caballerosa y generosa con que se ocupó usted del doloroso asunto de Antonieta (…) en este caso el caballero está por encima de todo funcionatismo (sic)”.

Al cumplirse el lapso de tiempo, ningún familiar renovó la concesión en el panteón Thiais, los restos mortales de Antonieta fueron llevados a la fosa común y perdidos para siempre. Un ícono de la cultura mexicana desaparece de la historia por un periodo de tiempo, pero actualmente el nombre de Antonieta ha regresado; se han escrito libros, ensayos, obras de teatro y un película basada en su vida poco estudiada a conciencia. La casa de su padre en la colonia Guerrero ha sido restaurada y en poco tiempo se abrirá al público.

En esos corredores y paredes quedó constancia de una personalidad única como Antonieta Rivas Mercado en México.

Para profundizar más:

  • Antonieta Rivas Mercado, Correspondencia, Universidad Veracruzana, enero 2011
  • Patricia Rosas Lopátegui, Óyeme con los ojos, De Sor Juana al siglo XXI, 21 escritoras mexicanas revolucionarias. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2010.