Por: Christian Velázquez

Las bebidas han encontrado su propio espacio histórico y representativo dentro de una unidad geográfica en particular, provocando que la dinámica comercial, o a las que se encuentren sujetas, las haga susceptibles de trascender fronteras; así tenemos que el tequila ha sido para México, en un profundo sentido simbólico, un embajador mundial que reúne, implícitamente, elementos culturales, folclóricos e históricos que reflejan de alguna manera, ese sentido por antonomasia.

De manera similar, el whisky ha sido uno de los emblemas que constituyen el acercamiento de  pueblos distantes hacia el lugar de su procedencia, ya sea el fabricado en Escocia o en Irlanda principalmente. Asociado también a la historia y tradiciones del lugar de origen, al recurrente tema de la “ley seca” en los años de la prohibición en los Estados Unidos, momentos en el que el “bajo mundo”, constituido por aquellas bandas delictivas, amasaran grandes fortunas gracias al comercio clandestino del licor y esculpiendo en la historia de aquel país nombres asociados a esta práctica, tales como: Alphonse Gabriel Capone, mejor conocido como Al Capone; Frankie Yale; Jack “Machine Gun” McGurn, y el famoso Eliot Ness.

Su exportación durante esta ley fue muy grande y jugosa, innumerables barcos lo introducían de contrabando, generalmente por la ruta de las Bermudas; claro está, bajo el aprovechamiento de algunos vivales, se vendía esta bebida en forma falsificada al prepararlo con alcohol metílico y se vendía en las tabernas llamadas “speakeasies” de ciudades norteamericanas, y era mejor conocido como “moonshine” (claro de luna). Este brebaje produjo grandes envenenamientos e incluso ceguera. Por su parte, el whisky asociado a Escocia, labra su cuna en esa isla inglesa, rica en historia y leyendas.

El whisky transgrede para reordenarse como un ente vivo que alberga entre sus fluidos, aquella atmósfera húmeda, aquellos paisajes de donde emanan, profundos y abruptos acantilados, la agreste cordillera de los Highlands armonizando al compás de la música extraída de las gaitas, y por último, la característica neblina densa que envuelve a los árboles que tuercen sus ramajes siempre al noroeste, que difumina las comarcas y transforma a sus habitantes en entes fantasmales; todos en simultánea convivencia contenidas y conteniendo el agua de la vida.

Como lo demanda la cultura inglesa y escocesa, también el whisky ha conquistado al mundo, no solamente ha sido apreciado en los países nórdicos, donde las bebidas fuertes son tan estimadas, sino también en los trópicos. En todas las naciones y en los bares de todos los grandes hoteles, el whisky-soda es una bebida muy solicitada, bien fue que en épocas pasadas, allá por los 30’s, trató de suplantarla el “cocktail” importado de América. Se distinguen principalmente dos tipos de whisky: el scotch (denominado también popularmente “john Barleycorn”) que se fabrica en Escocia con cebada; y el irlandés o “Canadian Rye Whisky” preparado con centeno molido; los irlandeses llaman también a este último “Usquebaugh”, que significa agua de la vida o “Poteen”.

¿Cómo se elabora?

En Escocia, el whisky viene del vocablo “uisge beatha”, que significa de igual manera “el agua de la vida”. Su proceso de elaboración consiste en destilar los granos de cebada, que después de mojarse para germinar, se secan, trituran y machacan. Después se les añade levadura y la mezcla se destila dos veces, luego envejece en barriles de roble durante ocho, doce o treinta años. El famoso “Glenfiddish” emplea agua pura de manantial llamado “Roobie Dubh”. Como dato curioso, Tomas Parr, inspirador del Grand Old Parr, vivió durante 152 años; se dice que sus cavas estaban pobladas de “cluricauns”, los espíritus locales más revoltosos y borrachines que existen.

El whisky también ha encontrado manufactura americana, elaborado en los Estados Unidos llamado “Borbon”, se fabrica con una mezcla de centeno, cebada y maíz. La preparación de alcohol en las diversas clases de whisky, oscila entre los 55 y 70 grados volumétricos, y como todos los aguardientes, también esta bebida gana calidad dentro de las barricas de roble y/o de jerez, estando presumiblemente en ese estado de silencioso letargo, en el que pacientemente se disponen a que el tiempo, su mejor aliado,  se dé a la tarea de reunir todos esos elementos favorables que hacen en la crianza de bebidas, una buena cosecha o un excelente año.

Los bebedores asiduos de whisky, generalmente lo toman con agua mineral conocido comúnmente como “jaibol”, mientras que en el verano y en los trópicos se acostumbra añadir trocitos de hielo, en invierno existen muchos que lo beben a modo de “grog”, con azúcar y limón. A propósito de esto, hacemos notar que la palabra “grog” debe su origen al almirante inglés Vermon, que fue el primero en introducir la ración diaria de ron para los marineros y que era conocido bajo el apodo de “Old Grog”, debido a que siempre se le veía usando una chaqueta de “Grogram”, con esta palabra se designa a una tela tejida de seda y pelo de cabra, llamada por los franceses “gros grain”.

A disfrutar con moderación el “agua de la vida”…utilizando el concepto como algo más que retórica, y es que el nombre alude hacia algo más sublime; con un toque de eternidad.